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contribuir a la sostenibilidad global

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La celebración de este día a nivel internacional, es una manera de acercar la ciencia a la sociedad. El estar informados sobre los avances científicos que se están llevando a cabo, nos ayuda a comprender la fragilidad del planeta en el que vivimos.

Gracias a la ciencia, podemos comprender el mundo que nos rodea, aplicando todos estos conocimientos en nuestro beneficio. De esta manera se pueden hallar soluciones a los nuevos desafíos sociales, económicos y medioambientales a los que nos enfrentamos, pudiendo construir así un futuro más sostenible y elevar el nivel de vida de las personas.

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Hoy, 16 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Preservación de la Capa de Ozono.

Esta fecha no es aleatoria, sino que obedece a que un 16 de septiembre de 1987 se firmó el Protocolo de Montreal. 

El principal objetivo de este protocolo es la protección de la capa de ozono mediante la toma de medidas para controlar la producción mundial y el consumo de sustancias que la agotan. De esta manera, lo que se pretende es eliminarlas sobre la base del progreso de los conocimientos científicos e información tecnológica que van avanzando y dándonos más información al respecto.

Gracias a la reducción del uso de las sustancias que perjudican a la capa de ozono por parte de todos los países del mundo, (se está realizando un gran esfuerzo internacional), la estamos recuperando poco a poco. De esta manera, podrá seguir protegiendo a la humanidad y a los ecosistemas de las radiaciones ultravioletas. 

El vertido cero es una “filosofía de sostenibilidad” que trata de minimizar el uso del agua y recuperar su calidad una vez utilizada, así como minimizar la producción de residuos en los procesos productivos.

Los principales beneficios cuando una empresa apuesta por el vertido cero es la reducción tanto del consumo de agua o, es su caso, la regeneración de la utilizada, como del impacto negativo del entorno por la reducción de residuos en general. Además, puede suponer una minoración de los costes de explotación.

Otro “indicador de sostenibilidad” es la huella de carbono.

La huella de carbono es un indicador ambiental que mide el impacto producido por la generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). El estudio de la huella de carbono mide por un lado la totalidad de GEI emitidos por una organización y por otro lado los emitidos por un producto en concreto durante todo su ciclo de vida.

Al conocer la huella de carbono de nuestra organización, podemos establecer objetivos para la reducción de los GEI y para elaborar un plan de medidas de mejora.

Gracias a la aplicación de procesos sostenibles, se pueden satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las generaciones futuras.

El modelo económico tradicional basado en “usar y tirar” tiene sus días contados.

Este modelo de producción y consumo, implica reducir los residuos al mínimo, de manera que cuando un producto llega al final de su vida, este puede ser utilizado de manera reiterada, creando así un valor adicional.

Entre los principales motivos por los cuales debemos avanzar hacia una economía circular podríamos hablar de: el aumento de la demanda de las materias primas, la escasez de recursos, la dependencia de algunos países de la UE de materias primas de otros países, así como el impacto medioambiental.

Además, los beneficios de su implantación son muchos y variados. Desde la reducción de la presión sobre el medioambiente hasta la mejora de suministro de materias primas, pasando por poder ofrecer al los consumidores productos más duraderos e innovadores que suponen un ahorro monetario y de mayor calidad de vida de estos.

La economía circular llega con fuerza y con visos de quedarse.